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Tapas Históricas: Testimonios del Legado Material Porteño

Explorá el intrigante recorrido patrimonial detrás de las estructuras de hierro dispersas por esquinas, aceras y muros porteños; piezas silenciosas que evocan transformaciones sociales, técnicas y económicas, desde las instalaciones sanitarias del siglo XIX hasta los antiguos sistemas eléctricos, hoy amenazadas por la sustracción de materiales y el progreso urbano.

Los registros de fundición urbana porteña constituyen elementos singulares que trascienden su función práctica; son huellas materiales del desarrollo histórico local, amenazadas actualmente por el comercio ilegal de chatarra y la expansión incesante del entorno edilicio contemporáneo.

Cada una exhibe símbolos enigmáticos y siglas particulares, guardando relatos invisibles para quienes las pisan. Varias muestran procedencia nacional, aunque muchas otras provienen de hornos europeos, reflejando vínculos industriales con el Reino Unido. Corresponden a firmas vinculadas a servicios públicos —energía, saneamiento, conectividad— que fueron absorbidas, cesaron actividades o se transformaron por efectos económicos, transformaciones estructurales o decisiones estatales impulsadas en los años noventa bajo la administración de Carlos Menem.

Sistema de abastecimiento: Tras los brotes de enfermedades infecciosas ocurridos entre 1871 y 1872, la capital nacional afrontó el desafío de optimizar el suministro del recurso esencial. Especialistas británicos, junto a equipos técnicos importados, ejecutaron extensas tareas vinculadas al flujo hídrico. Las tuberías conducían el elemento esencial desde tanques elevados situados en zonas como Balvanera, Caballito y Villa Devoto.

Glenfield Co. Ltd., Kilmarnock: Esta histórica firma escocesa, establecida en 1865 por el innovador Thomas Kennedy —reconocido por su labor en relojería—, se especializó en manufactura de componentes metálicos para redes hidráulicas y gasíferas. Radicada en la misma localidad que dio origen al célebre destilado Johnnie Walker, su producción incluyó avances tecnológicos cruciales, como el desarrollo del sistema “PLUTO” (Pipeline Under the Ocean), un conducto subacuático utilizado por fuerzas aliadas durante el conflicto bélico de mediados del siglo XX para abastecer operaciones militares en territorio francés desde el Reino Unido.

J. Blakeborough & Sons – Brighouse, Inglaterra: En la región de Yorkshire, Joseph Blakeborough dio inicio a una actividad artesanal en 1840 desde el subsuelo de su vivienda, elaborando piezas de plomería. La iniciativa, motivada por necesidades familiares, evolucionó con la colaboración de sus descendientes hasta consolidarse como una importante manufactura industrial. La firma llegó a ocupar a dos mil operarios y produjo, en 1874, una válvula de 24 pulgadas, inédita para su tiempo. Aunque la planta cesó funciones en 1989, vestigios de su influencia aún perduran en sectores de Belgrano, como huellas tangibles de una época marcada por el auge fabril británico.

Juan B. Médici y Compañía: Una inusual rejilla hallada en una vivienda histórica ubicada sobre Suipacha lleva la marca de esta firma. Giambattista Médici, oriundo del Piamonte e incorporado al país por recomendación del especialista británico Newman, participó en tareas vinculadas a higiene urbana y registros territoriales. El inmueble que conserva este elemento constituye un vestigio material de la capital del siglo XIX.

Tapas de Hidrantes: Marcadas con las iniciales O.S.N., pertenecientes a Obras Sanitarias de la Nación, estas piezas metálicas formaban parte de dispositivos destinados a la provisión de agua para emergencias contra incendios, instalados en exteriores de construcciones. La capacidad de suministro dependía de cada estructura. En 1992, la norma nacional 2927 provocó la disolución de dicha entidad pública que funcionó casi cien años.

Entusiastas del patrimonio hidráulico encontrarán imprescindible el recorrido por el Museo del Agua e Historia Sanitaria, emplazado en el Palacio de las Aguas Corrientes, obra del arquitecto Jorge Tartarini. Desafortunadamente, tras la crisis económica de 2001 y los frecuentes hurtos urbanos, las cajas con cubiertas originales de Aysa incrustadas en las aceras fueron reemplazadas por versiones plásticas.

Por Edición Digital

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