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Primer trayecto de colectivos ecológicos por el centro de Buenos Aires

Una docena de unidades conducidas por choferes femeninas recorrerán el trayecto entre la terminal norte y el parque del sur con acceso gratuito hasta mitad de año, marcando el inicio de una nueva etapa en la movilidad urbana porteña.

En una calle lateral junto a la Plaza San Martín, en el tramo comprendido entre Arenales y Juncal, ha surgido una novedad. No se trata de una simple estación de ascenso y descenso. Frente al movimiento incesante de trabajadores y bajo la sombra de los árboles, dos unidades compactas permanecen estacionadas. Su tamaño reducido los distingue de los transportes tradicionales, mientras la luz del mediodía se refleja en sus vidrios polarizados.

El acceso se activa de forma automática. En el interior, conviven lo familiar y lo novedoso: barras de sujeción color mandarina, butacas celestes, y una calma mecánica total. Nada suena. Nada tiembla. En el exterior, la circulación sigue su curso habitual. En el interior, se inicia un experimento que podría marcar un antes y un después en la manera de moverse por la capital.

Una flota de doce unidades eléctricas, fabricadas en Asia, comenzó a incorporarse a un circuito que conecta la zona de Retiro con el extremo sur del centro porteño, pasando por distintos sectores como el casco histórico y barrios tradicionales. Disponibles desde la madrugada hasta la medianoche del día siguiente, estos vehículos funcionarán diariamente con acceso gratuito hasta mediados de año. La gestión está en manos de una firma privada que obtuvo la concesión por un monto de $3500 millones, cifra que representó el 50% del valor estimado por el Gobierno. La iniciativa ya dio su puntapié inicial, y este medio participó en el ensayo junto a las choferes que estarán al frente del servicio.

Dentro del vehículo, quien lleva el control es Daniela Pintos. A su derecha, viaja Romina, otra de las conductoras asignadas. Para Daniela, la experiencia con esta nueva unidad no tiene comparación con los modelos convencionales: “La diferencia es enorme”, comenta. Aunque ya tiene práctica con ambos tipos de transporte, nota una respuesta distinta: “Son mucho más sensibles, tanto para acelerar como para frenar. La sensibilidad se nota demasiado, pero no siento que al manejarlo sea tan diferente. Cambian las dimensiones, pero sí hay que tener más precaución”.

Romina cuenta que originalmente se presentó para cubrir una ruta convencional, pero durante el proceso de selección le propusieron integrarse a este proyecto especial de manera inmediata. “Acepté. Está bueno el desafío. Hicimos todo como si fuéramos a trabajar en una línea normal. Cuando llegaron estas unidades, nos trasladaron y empezamos a adaptarnos a su manejo. Hay otras precauciones. A diferencia de los colectivos tradicionales, que son más altos y pueden detenerse sin quedar tan cerca del cordón, estos son más bajos, lo que nos obliga a acercarnos mucho más a la vereda. Eso aumenta el riesgo de un siniestro si no se maniobra con precisión”. También destaca que, por el entorno urbano en el que circularán y por las características accesibles del diseño, “vamos a tener muchas más posibilidades de que viajen personas con movilidad reducida”.

Dentro del nuevo vehículo hay capacidad para transportar a 30 personas: 13 pueden viajar sentadas y las 17 restantes de pie. El interior cuenta con dispositivos de vigilancia, sensores que detectan el movimiento de quienes suben y bajan, y un diseño de piso al ras para facilitar el ingreso, especialmente a quienes tienen movilidad reducida. Durante la demostración inicial, el titular del área de Infraestructura porteña, Pablo Bereciartua, se mantuvo sujetado a una barra mientras brindaba detalles sobre el sistema tarifario. Informó que el uso será sin costo hasta mediados de año, y que luego el valor del pasaje será equivalente al de cualquier línea convencional. Además, confirmó que estará conectado al esquema de transporte existente: se podrá abonar con la tarjeta SUBE, medios de pago electrónicos o smartphones, y habrá descuentos automáticos en los trasbordos con subte.

Durante el trayecto por el corazón de la ciudad, Bereciartua iba indicando, a través del vidrio lateral, los lugares clave por donde circulaba el nuevo servicio. Comentaba aspectos técnicos, detalles del sistema de propulsión y contrastes con implementaciones pasadas. Cada cierto tiempo, hacía una pausa para no interferir con las maniobras de las conductoras, que ajustaban con precisión cada giro o acercamiento a la vereda. El flujo vehicular era tranquilo, y dentro del habitáculo se destacaba la ausencia total de ruido mecánico. Solo un sonido tenue, casi imperceptible, rompía la quietud generada por el motor eléctrico.

Por Edición Digital

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