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Recuperan una especie nativa que no era registrada en Buenos Aires desde 1955

A partir del descubrimiento de un ejemplar hembra realizado por una estudiante de la Escuela Técnica N.º 8 de la Comuna 10 en el corredor ambiental del ex Olimpo, comenzó una iniciativa destinada a recuperar esta especie en Buenos Aires. Para lograrlo, el equipo del Vivero porteño se vinculó con profesores y profesionales especializados para desarrollar su reproducción y, posteriormente, favorecer su regreso a distintos ambientes acuáticos de la Ciudad.

La aparición de un ejemplar de Killi en un ambiente acuático de la Ciudad dio inicio a una iniciativa para recuperar una especie que no contaba con registros porteños desde hacía más de 70 años. La observación fue realizada por una estudiante de primer año de la Escuela Técnica N.º 8, ubicada en la Comuna 10, y permitió articular el trabajo de docentes, profesionales y personal del Vivero de la Ciudad para avanzar en su reproducción y posterior incorporación a otros humedales urbanos.

Durante una actividad educativa realizada en mayo de 2025 en el biocorredor del ex Olimpo, una alumna que participaba de una jornada dedicada al reconocimiento de distintas especies de peces encontró un ejemplar hembra que no pudo ser reconocido en el momento. Para determinar de qué animal se trataba, los profesores recurrieron a especialistas, quienes confirmaron que pertenecía a la especie Austrolebias bellottii, conocida como pez de lluvia o Killi.

Tras confirmar la especie, se puso en marcha una iniciativa orientada a favorecer su conservación y regreso al ecosistema porteño. El pez fue llevado a las instalaciones del Vivero de la Ciudad, bajo la órbita de la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano, donde se acondicionó un sector de los ambientes acuáticos para desarrollar su reproducción. Los ejemplares obtenidos serán liberados posteriormente en diferentes zonas húmedas de Buenos Aires, comenzando por el área de Villa Lugano.

Una de las características más particulares de los Killi es su capacidad para atravesar períodos de sequía. Sus huevos quedan depositados en sectores bajos del suelo que pueden perder toda el agua durante determinados meses y permanecen allí inactivos, protegidos entre el sedimento. Con el retorno de las precipitaciones y la acumulación de agua en esos espacios, los huevos se activan, nacen los nuevos ejemplares y comienza nuevamente su desarrollo, una adaptación que dio origen a la denominación “peces de lluvia”.

La presencia del Killi forma parte de la historia natural de Buenos Aires desde principios del siglo XX. La primera referencia conocida corresponde a 1917 y fue localizada en Vélez Sarsfield, en un paisaje que por entonces todavía conservaba áreas rurales, quintas y sectores atravesados por zanjas. Muchos años después, en 1955, se registró nuevamente la especie, en lo que hasta este reciente descubrimiento había sido la última constancia oficial de su existencia en la Ciudad.

Luego de identificar al pez encontrado por la estudiante, los profesores de la institución buscaron apoyo para avanzar con su conservación. Así, se generó un trabajo articulado con profesionales del Vivero de la Ciudad y especialistas de la Killifish Foundation, quienes brindaron asesoramiento y herramientas específicas para lograr la reproducción de los ejemplares.

Según explicó el profesor Federico Colombo, el descubrimiento fue el punto de partida para desarrollar una propuesta educativa denominada “Cómo restituir el patrimonio natural de la Ciudad de Buenos Aires a través de humedales y biocorredores urbanos”, que llegó a la instancia final del Premio Docentes de la Ciudad. La iniciativa reúne actividades de educación ambiental, trabajo científico y acciones destinadas a recuperar la diversidad de especies, con la intención de que los alumnos puedan acercarse a la fauna autóctona directamente en los espacios naturales que forman parte de su hábitat. “Trabajar por proyectos, sacar a los chicos al campo y romper las paredes de la escuela hace que sea significativo; no es lo mismo verlo en un libro que en vivo”, expone el profesor.

La etapa que continuará el proyecto contempla liberar los ejemplares obtenidos en el sector de humedales de Lago Lugano. Este lugar resulta especialmente relevante porque mantiene parte de las características de los antiguos bañados de Flores, ambientes donde esta especie encontró históricamente condiciones adecuadas para desarrollarse. La incorporación se realizará de manera progresiva, con un seguimiento de los peces para evaluar su adaptación al nuevo entorno.

Por Edición Digital

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