En una decisión que destaca su importancia como espacio de encuentro y promotor de valores solidarios, la Legislatura porteña ha declarado de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra. Asimismo, se dispuso la entrega de un diploma conmemorativo en reconocimiento a su destacada labor.
El reconocimiento fue impulsado por el legislador Matías Barroetaveña, del Frente de Todos, junto a sus compañeros de bloque Juan Pablo Modarelli y Victoria Montenegro, quienes presentaron el proyecto la semana pasada, según informó Saavedra Online.
Esta institución cuenta actualmente con alrededor de 780 socios activos que contribuyen con una cuota mensual mínima para mantener los diversos cursos y talleres que ofrece, entre los que se encuentran Taekwondo, Gimnasia localizada, Pilates, Yoga, Elongación, Pintura-Dibujos y Técnicas Mixtas, Historieta/Dibujo, “Club juntémonos a Escribir”, Narración Oral, Portugués, Taller de la Memoria y Clases de apoyo de Matemáticas.
Según la defensa del proyecto, la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra es una entidad civil autónoma sin fines de lucro, fundada a principios del siglo XX gracias a la solidaridad y el compromiso social de un grupo de vecinos, en su mayoría inmigrantes de diferentes países y de distintas regiones de Argentina, que llegaron a una zona de la Ciudad en pleno crecimiento.
En 1918, esta institución fue establecida como sociedad de fomento por vecinos de los barrios de Núñez y Saavedra, quienes trabajaron incansablemente para mejorar la infraestructura urbana, como el empedrado, la iluminación, el suministro de agua y los espacios públicos, así como las condiciones de vida social, educativa y cultural en una zona que comenzaba a urbanizarse. Gracias al arduo trabajo de sus socios, en 1935 la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires la reconoció como sociedad de fomento barrial.
En 1945, se incorporó un espacio especial para la biblioteca, que se sumó a un programa de alfabetización para adultos. Además de ofrecer formación educativa básica, se organizaron talleres con oportunidades laborales. Durante los años siguientes, se llevaron a cabo diversas iniciativas para modernizar las salas de lectura, construir un Salón de Usos Múltiples (SUM) funcional y espacioso, informatizar la base de datos y proporcionar computadoras de uso público.
Asimismo, se amplió el patrimonio bibliográfico a más de 20 mil libros y publicaciones, se estableció un Jardín de Infantes y se cedieron las instalaciones a la Escuela Pública Nº21 del Distrito Escolar 10 para ampliar la oferta educativa y brindar horario completo a más alumnos. Durante este período (1980-1992), se publicó el periódico Claraboya, que en la actualidad ha sido sustituido por boletines e información en redes digitales. Además, se amplió la organización de talleres, actos, encuentros, fiestas, certámenes, exposiciones, espectáculos y diversas actividades culturales y recreativas. También se inauguró una sala especializada en historietas.
La biblioteca desempeñó un papel fundamental durante las inundaciones ocurridas el 2 de abril de 2013, que cobraron la vida de varios vecinos y dejaron a cientos de personas damnificadas. En esa ocasión, el edificio de la biblioteca resultó gravemente afectado, con más de un metro de agua que inundó sus instalaciones y dañó más de 6 mil libros. Sin embargo, gracias a la solidaridad de los habitantes del barrio, socios, vecinos, voluntarios y organizaciones, se llevó a cabo una enorme tarea de recuperación de libros y reconstrucción de la biblioteca. A lo largo de un año, con el compromiso y entusiasmo de la comunidad, se logró recuperar gran parte del patrimonio bibliográfico y restaurar plenamente las instalaciones con notables mejoras edilicias.
En 2018, la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra celebró su centenario, reafirmando sus ideales de ser un lugar de encuentro y promoción de los invaluables valores de la solidaridad, el trabajo, la educación, la cultura, la participación y la inclusión social. Su historia y trayectoria reflejan el compromiso de generaciones de vecinos que han contribuido al enriquecimiento de la vida comunitaria y al acceso a la cultura y la educación en la Ciudad.
Por Edición Digital

