En una colaboración sin precedentes, la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), en conjunto con el Ministerio de Ciencia de la Nación, instituciones académicas y empresas privadas, ha logrado importantes avances en la lucha contra la contaminación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La implementación de soluciones para el control de emisiones de efluentes se ha convertido en un hito clave en el proceso de recuperación de la cuenca.
Desde su icónica promesa en 1993 de tomar agua del Riachuelo en mil días, pasaron décadas antes de que la situación comenzara a cambiar. Sin embargo, el 8 de julio de 2008, un fallo histórico de la Corte Suprema de Justicia de la Nación marcó un punto de inflexión en esta problemática. Este fallo, conocido como el “Fallo Mendoza”, generó un camino hacia la recomposición ambiental de la Cuenca Matanza Riachuelo, y a partir de entonces, se comenzaron a vislumbrar avances significativos.
Quince años después de esta sentencia, se conmemora el progreso alcanzado. La demanda presentada en 2004 por un grupo de habitantes contra el Estado Nacional, la Provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y empresas locales, llevó a la ampliación de los esfuerzos de recuperación hacia los 14 municipios bonaerenses que forman parte de la cuenca.
El fallo de la Corte estableció la obligación de ACUMAR de implementar un programa integral para mejorar la calidad de vida en la cuenca, recomponer el entorno acuático, aéreo y terrestre, y prevenir daños ambientales. En esta línea, ACUMAR logró avances notables, habiendo eliminado más de 5.900 toneladas de residuos solo en 2022 a través de barreras de retención de sólidos flotantes, lo que ha contribuido a limpiar tanto el agua como el aire.
Uno de los logros más recientes es la puesta en marcha del Centro Integrado de Monitoreo y Control Ambiental (CIMCA) de ACUMAR. Gracias a la colaboración entre tres empresas nacionales de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (CADIEEL), la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación y el Desarrollo Tecnológico y la Universidad Nacional Guillermo Brown (UNaB), se ha desarrollado un sistema que permite un monitoreo automático de las emisiones de efluentes industriales.
Este sistema consta de nueve prototipos de equipos que monitorean automáticamente los efluentes generados por las industrias. Mediante la toma de muestras de líquidos y la transmisión en tiempo real de datos, ACUMAR puede supervisar las emisiones de manera efectiva. Este enfoque ha transformado el proceso de control, permitiendo que los datos lleguen en tiempo real y sean procesados en el Centro Integrado de Monitoreo y Control Ambiental.
Guillermo de Guzmán, presidente de la Comisión de Iluminación de CADIEEL, destaca la colaboración público-privada que fue fundamental en el desarrollo de este sistema. La interacción entre empresas y universidades ha permitido avanzar de manera efectiva y eficiente en la implementación de soluciones tecnológicas para el monitoreo ambiental.
El futuro del CIMCA es aún más prometedor. Con la implementación de inteligencia artificial en la gestión de datos, se buscará generar nuevos indicadores y realizar análisis más profundos de la información recopilada. La capacidad de predecir movimientos y tendencias a partir de la interrelación de datos meteorológicos y hidrológicos permitirá una toma de decisiones más informada y estratégica.
El trabajo conjunto entre el gobierno, empresas privadas, universidades y entidades científicas ha sido la clave en el avance de la recuperación ambiental en la Cuenca Matanza Riachuelo. A través de la colaboración, se ha logrado transformar una problemática histórica en un proceso de recuperación ambiental y tecnológica que beneficia a millones de habitantes en la región.
Por Edición Digital

