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Buenos Aires busca frenar el abandono escolar con cambios en el régimen de inasistencias

Con la intención de elevar el rendimiento escolar, el distrito porteño reduce de veinticinco a veinte el límite anual de ausencias admitidas para estudiantes del nivel medio en establecimientos estatales y particulares.

En la actualidad, la mayoría de las ausencias del alumnado carece de respaldo formal. Además, cada jornada perdida repercute de manera inmediata en la formación, ya que en el ámbito porteño el porcentaje de inasistencia en la escuela media alcanza el 19,6 por ciento.

Dentro de la iniciativa Buenos Aires Aprende, la cartera educativa de la Ciudad modificó las normas institucionales y el sistema de evaluación del ciclo medio. Diversos estudios señalan que concurrir a clase resulta fundamental para incorporar contenidos. La disposición involucra a unos doscientos mil jóvenes.

Hasta esta etapa, cada alumno tenía permitido reunir veinticinco ausencias anuales y el control de su condición escolar se realizaba al finalizar cada período, además de contemplar permisos especiales según la decisión del profesor. Desde ahora, el registro admitirá únicamente veinte faltas, se fija un máximo de cinco por tramo y se suprimen las autorizaciones flexibles que solían impedir efectos educativos, como sumar retrasos reiterados o tomar descansos fuera de los calendarios previstos.

La continuidad se controlará con mayor frecuencia y, si se interrumpe, el alumno tendrá que reponer los saberes en los espacios previstos, tales como las vacaciones de invierno o el tramo comprendido entre diciembre y febrero. Mediante esta modificación, el distrito porteño apunta a erradicar las ausencias repetidas, consideradas el paso previo a dejar la escuela.

“¿Cuándo se naturalizó que los chicos falten casi dos meses por año a la escuela y no pase nada? Durante años se relativizaron las reglas y eso tuvo consecuencias: Más ausentismo, peor desempeño y abandono escolar. El problema no son los chicos, está claro. El problema son los que instalaron la idea de que faltar no importaba y que todo daba lo mismo. Se terminó esa época. En la Ciudad volvemos a lo básico: Estar en la escuela no es opcional y faltar tiene consecuencias. Punto.”, manifestóel mandatario porteño, Jorge Macri.

Esta modificación de las reglas se integra a una línea de acción más extensa impulsada por la administración local, orientada a anticiparse a los problemas. A partir de la segunda ausencia sin respaldo, se ponen en marcha canales de contacto con los hogares y un seguimiento individual para cada caso.

En esa línea, se puso en funcionamiento un mecanismo de detección anticipada de la desvinculación educativa, el cual posibilita reconocer señales de peligro de deserción. Asimismo, se remiten avisos adaptados a cada hogar mediante Boti, el servicio de mensajería de la Ciudad, con el propósito de notificar las ausencias y ofrecer ayudas específicas.

Asimismo, las conducciones escolares fueron provistas de herramientas renovadas para abordar esta dificultad que incide de forma directa en el progreso educativo, ya que se sumaron paneles de control de asistencia, soluciones tecnológicas avanzadas y un registro individual dentro del entorno Buenos Aires Aprende, lo cual facilita tomar decisiones basadas en datos. Al mismo tiempo, la organización interna se reforzó mediante la puesta en marcha de la Huella Digital Docente, orientada a consolidar valores de compromiso y referencia por parte de los docentes ante el estudiantado.

“No podemos seguir naturalizando faltas que impactan directamente en los resultados. Si no están en el aula, no podemos enseñarles. Buenos Aires pone la presencia en el centro del aprendizaje. El compromiso empieza por los adultos y se construye en comunidad: las familias son parte central de la solución y queremos trabajar junto a ellas para que cada estudiante esté en la escuela aprendiendo”, expresó Mercedes Miguel, ministra de Educación de la Ciudad.

Durante el período en el que los jóvenes comienzan a manejarse con más independencia, las ausencias prolongadas incrementan de manera notable la posibilidad de desvincularse del ámbito educativo. Hoy, el promedio de no concurrencia alcanza veintisiete jornadas anuales, una cifra cercana a dos meses sin asistir a clases. Cada jornada fuera del espacio escolar implica perder oportunidades de formación, de constancia y de construcción de futuro.

Por Edición Digital

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