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Restauración patrimonial del Patio Andaluz

Es la primera restauración de gran magnitud realizada desde el año 2008. Se preservaron las piezas cerámicas auténticas decoradas con representaciones del Quijote y pasajes de la tradición hispánica antigua, traídas por vía marítima desde la península ibérica. La estructura central de agua, donada por la ciudad de Sevilla, fue sometida a un proceso de recuperación integral.

En el centro del Parque Tres de Febrero se encuentra un tesoro histórico: el Patio Andaluz. El Gobierno porteño finalizó recientemente las tareas de preservación y recuperación de este símbolo cultural del Rosedal de Palermo, erigido hace 96 años con elementos traídos por mar desde la península ibérica. Es la primera intervención significativa desde 2008, destinada a devolver el esplendor a uno de los rincones más concurridos del paseo, considerado un ícono del legado urbano de Buenos Aires.

“Cuidamos nuestro patrimonio cultural porque es fundamental para la Ciudad. Ya restauramos completamente el Patio Andaluz y muy cerca, también en el Parque 3 de Febrero, estamos avanzando con la ampliación del taller del MOA, Monumentos y Obras de Arte, un espacio de la Ciudad donde se cuidan y recuperan las esculturas del enorme museo a cielo abierto que es Buenos Aires”, detalló Jorge Macri.

Levantado en 1929, el Patio Andaluz constituye un espacio histórico que mantiene piezas cerámicas procedentes de Sevilla, decoradas con escenas del Quijote, la obra cumbre de Cervantes, y representaciones de la vida tradicional española: festividades, combates entre antiguos caballeros y labores de alfarería, entre otras. En la fuente central, situada en el núcleo del jardín, se conserva la inscripción que acompañó, a inicios del siglo XX, el regalo de Sevilla: “A la caballerosa y opulenta Ciudad de Buenos Aires en testimonio de comunicación espiritual, Sevilla ofrece esta muestra de la industria de Triana, el barrio de los laboriosos alfareros y los intrépidos navegantes”.

A comienzos de este año, el Gobierno porteño comenzó una intromisión del Patio Andaluz aplicando un enfoque de preservación total: durante los últimos nueve meses se realizaron trabajos de saneamiento y reforzamiento de estructuras, así como la restauración de componentes ornamentales como mayólicas, celosías, teselados y piezas cerámicas. Con el objetivo de mantener la forma, el estilo y la composición de los elementos históricos, el procedimiento se fundamentó en registros visuales y fotografías, evitando criterios arbitrarios.

“Tenemos más de 2.000 piezas de arte en el espacio público. Más allá de su origen son las que le dan identidad y carácter histórico  a la Ciudad. No solo reparamos los daños físicos, sino que trabajamos con precisión y rigor para garantizar que cada pieza conserve su autenticidad histórica. Preservar el patrimonio presente en el espacio público debe ser un esfuerzo colectivo”, declaró Ignacio Baistrocchi, ministro de Espacio Público e Higiene Urbana.

Las labores abarcaron la restauración de la fuente principal con su inscripción centenaria —reemplazando el vertedero, reforzando los relieves y reacondicionando la vasija para lograr armonía cromática—, la rehabilitación de una fuente adicional, ocho escalinatas, la reparación de pavimentos con hundimientos y grietas, junto con barandillas, pilares metálicos y la estructura de pérgola, además de ocho asientos internos, cuatro externos y doce bancos distribuidos a lo largo de los senderos y frente al espejo de agua.

El Patio Andaluz alcanzará, el 13 de octubre próximo, 96 años desde su apertura en 1929. No obstante, sus raíces superan el siglo de antigüedad y se ubican en 1923, cuando el intendente de la época, Carlos Noel, convocó al diseñador y paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, reconocido por su trabajo previo en Sevilla, para orientar a la administración local en la mejora de sus áreas verdes. Entre las ideas de Forestier se encontraba la construcción de un “jardín al estilo español” en la entrada del Rosedal.

Para levantarlo fue preciso derribar el Pabellón de los Lagos, una edificación singular que databa de 1899 y era caracterizada en aquel entonces como una “mezcla indo-musulmana”. Esta estructura había servido como salón de recepciones, reuniones comunitarias, actos benéficos y espacio para colonias estivales, pero hacia finales de la década de 1920 se hallaba en estado de descuido y desgaste.

La apertura formal se realizó el 13 de octubre de 1929. El acto, desarrollado en un escenario decorado con abundancia de vegetación y flores —según los relatos de la época—, congregó a representantes nacionales y locales, entre ellos el titular del Interior Elpidio González, el jefe comunal José Luis Cantilo, el diplomático español Ramiro de Maeztu y el propio Carlos Thays (h). En esa jornada, el Rosedal se engalanó con banderines y cintas con los tonos patrios argentinos y españoles para exhibir al público una obra que, desde entonces, se transformó en un símbolo del Parque Tres de Febrero.

Por Edición Digital

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