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La problemática de los chicles en las calles de Buenos Aires representa un desafío duradero y oneroso

Este fenómeno se traduce en manchas visibles que deterioran la estética del espacio urbano y generan problemas de limpieza. En respuesta, se ha lanzado una campaña de concientización para educar a los ciudadanos sobre la importancia de desechar adecuadamente estos productos.

La administración local ha implementado métodos innovadores para eliminar los chicles pegados, utilizando técnicas que no solo son efectivas, sino también respetuosas con el medio ambiente. La remoción de estos residuos se realiza con hielo seco, un enfoque que minimiza el uso de productos químicos y reduce el impacto ambiental.

Además, se estima que la cantidad de chicles desechados en la vía pública es alarmante, contribuyendo a un problema que afecta tanto la higiene como la salud pública. Estos residuos pueden albergar bacterias y hongos, convirtiéndose en focos de infección y representando un riesgo para la fauna urbana. La situación exige una atención continua para mantener las veredas limpias y agradables para todos los ciudadanos.

La situación de los chicles en las calles de grandes ciudades es un problema que afecta especialmente a Buenos Aires. Gabriel Levinas, periodista y artista, compartió sus observaciones en Radio Mitre, señalando que este fenómeno no es exclusivo de la capital argentina. Durante un viaje a los Países Bajos, notó que incluso en Róterdam, una ciudad conocida por su limpieza, las calles estaban manchadas con residuos de chicles: “Ellos son muy limpios, pero a pesar de eso, en Róterdam estaban estas manchas. Pregunté qué era y me dijeron que eran chicles”, enfatizó 

Impulsado por la labor del artista británico Ben Wilson, conocido como «el hombre chicle» por su técnica de transformar chicles desechados en pequeñas creaciones artísticas, Levinas consideró las consecuencias estéticas y ambientales de estos residuos. Al volver a Buenos Aires, se dio cuenta de que el problema también era palpable en las calles de la ciudad.

En 2017, una campaña en la peatonal Florida permitió retirar 90.000 chicles a lo largo de su recorrido de poco más de un kilómetro. Para ello se utilizó tecnología criogénica que enfría y endurece los chicles con hielo seco, facilitando su remoción sin dañar las superficies. Sin embargo, estas intervenciones son caras y no se pueden realizar de manera regular en toda la ciudad.

Además del aspecto visual, los chicles pueden convertirse en focos de infección para la población local. El Gobierno de la Ciudad advirtió que la fauna urbana, como aves y roedores, podría confundir estos residuos con alimento, lo que representa un riesgo significativo para su salud.

“Es una cosa desagradable porque, si vos pasás con la zapatilla y lo tiraron recién, después es un asco sacarlo. Hay que pensar un poco en el prójimo”, finalizó Levinas. Así como también, resaltó que los restos provocan una: «polución visual» que diluye el aspecto estético de la ciudad.

Por Edición Digital

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